lunes, 17 de julio de 2017

Carta de despedida a Armando Almánzar R.

Querido Armando:

Hoy más que nunca quisiera que la vida fuera cine; que terminadas estas palabras de despedida algún director dijera: “Corte, se imprime!,” y te levantaras del ataúd, hecho de cartón piedra como el resto del decorado donde actuamos, e hicieras uno de tus chistes malos sobre Dios, Odebrecht o el calor infernal que produce estar embutido en un estuche seis pies po runo; que luego te dirigieras a tu trailer a repasar el guión entre martinis y aceitunas y te prepararas mentalmente para la próxima escena, que seguro rodaríamos en la penumbra de una sala de cine, o en el estudio atiborrado de libros donde escribes cuentos y críticas, o en la cómodas ala de estar donde ves una serie policíaca, con Patricia a un lado y Toby a tus pies.

Créeme, amigo, daría cualquier cosa porque fueras el Clint Eastwood que muere por primera vez a manos de una pandilla en Gran Torino, pero solo para que a continuación te levantes, te sacudas el polvo de la ropa y te limpies la sangre sintética que brota de tu pecho y tu boca. Pagaría lo que no tengo porque fueras Butch Cassidy y se cumpliera lo que hemos sospechado todos estos años de que el vaquero sobrevivió junto a Sundance Kid a la lluvia de tiros que se escucha sobre el plano congelado que cierra la película. Es más, haría el sacrificio de inscribirme en un partido político, con todo el riesgo reputacional que tal imbecilidad conlleva, con tal que te quedaras con nosotros aunque sea en las condiciones del Jean-Dominique Bauby de La escafandra y la mariposa, moviendo solo un ojo, !pero vivo y consciente!, para indicarnos con un pestañeo si la película es buena, con dos si es mala, con tres si es pésima, y con cuatro si es de Jimmy Sierra.

Sin embargo, querido amigo, creo que esta veza parecerá el The End inexorable y pondrán los créditos. No serás un doble que podremos dejar olvidado, como en una de tus macabras historias, en el nicho del cementerio mientras nos vamos a Casa de Teatro a evaluar los cuentos de un concurso o a escuchar la más reciente aventura de Freddy (Ginebra). Eres el protagonista de esta obra y el productor no acepta sustituciones. Como ves, el cine, igual que la vida, tiene sus límites.

Pero antes de que enciendan las luces de la sala y se escuchen los ruidos del proyeccionista que rebobina la cinta, quiero darte las gracias por enseñarme a ver buen cine y por mostrarme cómo se escriben cuentos geniales; por convencerme, a través de tu ejemplo, que la literatura y el cine solo pueden llevarse con pasión y disciplina, esas cualidades que te permitieron ejercer más de 50 años de crítica y publicar una veintena de libros.

Admiré (admiro) tu sentido del humor, irónico, ácido, negro, que intento imitar, con tu consentimiento; admiré (admiro) tu coherencia, esa línea rectísima de pensamiento y actitud que te trajo- sin que te importara- malquerencias e incomprensiones; admiré (admiro) tu solidaridad auténtica, no la que espera “el cielo prometido” ,sino es a que surge naturalmente del corazón de los hombres ante la tragedia, como la practicada por los personajes de Camus en La peste; admiré (admiro) tu humildad, la disposición a compartir conocimientos y experiencias con quienes comenzamos el oficio, y ese casi desprecio por el elogio y el reconocimiento; eres importante, lo sabías (lo sabes)pero para ti ganar un premio (y ganaste muchos, los más altos) era como jugar dominó los lunes o escuchar jazz cualquier noche; sabías (sabes) que lo fundamental es meter los pies debajo del escritorio, tomar el lápiz o pulsar el teclado, e imaginar mundos.

Tal vez nos veamos por ahí, aunque sabemos que esa es una hipótesis improbable; confío más en el recuerdo, y como el pequeño Salvatore de Cinema Paradiso, miraré los pedazos editados al azar de nuestras vivencias para repasarlas de vez en cuando y de 9 a 11, que es cuando suele vencerme la nostalgia.

Si has llegado a algún sitio (hipótesis nula), espero que haya un buen cine donde exhiban películas de Truffaut, Bergman y Woody Allen. Si ponen una de Robertico, sabré que no estás en el cielo.


Me harás mucha falta. Hasta siempre, amigo del alma!

Luis Martín Gómez
14 de julio de 2017

5 comentarios:

  1. He llorado! Cada vez que lo leo. Debe ser que retratas muy bien al tipo ese, tan importante hasta para ir al cine! Que desconsuelo!

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  2. Bellas palabras!! Descanse en paz Armando Almánzar!!

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  3. Tremendo personaje. Inspiró cultura en éste retrete de país. Recuerdo las críticas de cine al finalizar las noticias... Qué tiempos aquellos. ¡Que en paz descanse su alma!

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  4. Mi guía para ir al cine por años! .... Ya no hay quien oriente...ya no está el desafío de "qué dijo Armando sobre tal película" y confrontar si estábamos de acuerdo o no, si tenía razón o estaba exagerando. Ya no existen esos retos y reflexiones antes de ir al cine un día cualquiera...
    Nunca te olvidaremos. Nos acompañas cada vez que entramos a una sala de cine...
    Ahora nos preguntamos en silencio: que hubiera dicho Armando¿...? Y la incógnita se va contigo...
    Qué tristeza

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  5. Murio el Chapulin Colorado del cine.


    Y ahora quien podra defendernos de los clavos, los comentarios superfluos e intersados de gente que busca sobre todo hacer dinero y no buen cine.

    Nadie tenia ese nivel de integridad en su comentarios, ese compormiso de decir su real parecer en base a conocimiento profundo
    alimentado por muchos anios de experiencia en el oficio.

    Vi mas de 60 peliculas recomendadas por el y puedo decir que era practicamente infalible.

    Ojala encontremos en un futuro cercano personas dignas de llevar sus zapatos con dignidad e integridad.

    Muchisiiiimas gracias Armando.

    Carlos Polanco.

    Rest in Peace!!

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