sábado, 1 de agosto de 2015

‘Misión: Imposible-Nación secreta’

Hace unas cuantas semanas, en el programa “Cineasta radio”, hablábamos sobre parodias en el cine, y un oyente intervino opinando que, para él, las películas de James Bond, todas ellas en términos generales, eran parodias.
Con delicadeza le especificamos que, buenas o malas, esas cintas no podían ser calificadas como parodias porque las historias que narran son, aunque exageradas todas en sus aventuras e incidentes, tomadas y presentadas muy en serio: por ejemplo, no puede ni soñarse que una escena en la cual a Bond le golpean por sus partes con un látigo terminado en bolas metálicas puede ser tomada con algo risible.
Si lo piensan un poco, todas estas películas que devienen de la popular serie de TV “Misión imposible”, creada originalmente por Bruce Geller, ofrecen el mismo estilo, la misma tesitura de las de Bond.
Sin embargo, se nos hace difícil recordar alguna de las más de 20 del 007 que haya ofrecido tantos detalles tremendamente inauditos como las de Ethan Hunt.
Y, si vamos a comparaciones entre estas mismas, la presente, “Mission: Impossible-Rogue Nation”, es, muy probablemente, la más estrambótica en sus planteamientos.
¿Por qué razón se exagera tanto? Pues la respuesta es relativamente sencilla: cuando usted hace una cinta de acción con un héroe en particular, a través del relato ese personaje acomete numerosas hazañas que le colocan siempre al borde del colapso, de la extenuación, de la misma muerte. Son acciones exageradas, muy distantes de las capacidades de un ser normal. Eso es empezando.

‘La dama de oro’

Esta historia parte de la vida real: durante los años aciagos de la Segunda Guerra Mundial, los nazis barrieron de todos los países que quedaron bajo su férula con cientos y cientos de formidables obras de arte, esculturas y pinturas. Se las llevaban, por supuesto, de los museos, pero también de las residencias particulares. La idea era construir en Berlín un gigantesco museo en honor a Hitler.
Pues “La dama de oro”, además de ser el título de este film, es también una valiosísima pintura original de Gustav Klimt que, originalmente, era propiedad de la familia judía Altman, cuyos miembros, casi todos, fueron aniquilados durante la conflagración o en los campos de concentración.

Y el relato cuenta cómo Maria Altman, nieta de los propietarios originales, se moviliza para recuperar esa pintura titulada realmente “Portrait of Adele Bloch-Bauer”, ya en los años 2000, trasladándose a Austria con su abogado, Randy Schoenberg, y ayudada en Viena por Hubertus Czemin, un periodista acucioso y esforzado.

sábado, 25 de julio de 2015

“Las nubes de María” Filme profundo y sutil

Marie Enders, el personaje central de este filme del francés Olivier Assayas, es una actriz veterana, o sea, una mujer cuya edad debe rondar los 50 años. Y sucede que ella, cuando era una jovencita, gozó de gran éxito al hacer una obra de teatro en la cual ella hacía el rol de Sigrid, una joven cuya actitud y presencia en su enfrentamiento con Helena, su contraparte, una mujer madura.
Pero el intríngulis de la historia se presenta cuando ella acepta, aunque luego se arrepiente, hacer de nuevo la misma obra pero con una diferencia fundamental: el rol de Sigrid, la jovencita, va a ser desempeñado por Jo-Ann Ellis, una “Starlet” hollywoodense más popular por sus escándalos fuera de la pantalla que por su talento, en tanto ella va a ser Helena, la contraparte madura.
De por sí, ya la simple idea de tener que acometer ese rol, el opuesto al de su éxito, el recordado con placer, el que lleva impreso de manera indeleble en su mente, representa para Marie una tortura.

Pero Assayas no se conforma con la simple idea de dejar en evidencia esa circunstancia sino que se ensaña con su personaje de principio a fin: cuando vemos la vida de Marie, cuando la vemos en sus actividades diarias normales pero, sobre todo, cuando asistimos a los ensayos que hace de la obra ayudada por su secretaria, Valentine.