sábado, 20 de diciembre de 2014

'Relatos salvajes'

Y ahí, de inmediato, encontramos la gran diferencia: Jackson nos ofrece un espectacular show en tercera dimensión y no nos cuenta nada que importe. Damián Schifrón, argentino, nos cuenta una historia que es cine y que sí dice algo sobre lo que somos nosotros todos, los seres humanos, y eso es importante tal y como él lo ha hecho.
Con dos o tres efectos especiales y nada más, pero con actores y actrices haciendo de lo que somos, o sea, de seres humanos, repetimos, comunes y corrientes, como usted que lee estas líneas y tiene esposa e hijos, como su vecina que se va a casar pronto, como el otro que tiene que viajar mucho por nuestras carreteras, como la otra infeliz que tiene que pasar casi toda la noche sirviendo en una cafetería, como el señor millonario cuyo hijo tiene un buen carro pero no responsabilidad, ambas cosas venidas del padre, como usted que maneja en la ciudad y ve cómo un general o un político se salta el semáforo en rojo y nadie mira, pero si usted pisa la ralla amarilla le ponen una multa y tiene que pasarse cuatro horas en la sede maravillosa de AMET para saldarla, de eso trata, eso es lo que nos cuenta Scifrón en “Relatos salvajes”.

‘El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos’

Si dejamos a un lado que los caracteres, o sea, todos esos personajes raros, grotescos, humanos,  enanos, monstruosos o lo que sean, han sido inspirados por el muy decantado y archifamoso J.R. R.Tolkien, luego de dos horas y 24 minutos de enfrentar a los tales mencionados, y ya desde antes pero confirmando en el último minuto de proyección, esta fue la única pregunta que nos colmó el cerebro: ¿qué es lo que hemos visto? 
¿En qué consiste eso que hemos visto?, ¿qué nos ha dejado en el cerebro a nosotros y a miles y miles que se van a sorber este asunto, sobre todo porque son fanáticos “duros” de toda esta saga que nos han metido por ojo, boca y nariz desde hace ya unos años? Pues, para que vean como son las cosas, nosotros, que privamos en conocedores, que presumimos de un ligero barniz de cultura, que hemos leído una buena cantidad de libros y escrito unos cuantos, pues no estamos nada seguros de lo que hemos visto.
Aunque, eso sí, de lo que estamos muy seguros es de que, aparte el beneficio algo huero de una fastuosa producción cinematográfica cuyo costo debe oscilar entre los doscientos y los trescientos millones de dólares (¿y quién sabe si más?, porque en la ficha no lo precisan: puede que estén algo avergonzados), de la “maravillosa” tercera dimensión, y de la presencia de centenares de intérpretes vestidos de mojiganga, no nos parece haber absorbido algo valioso de esta “historia”.

sábado, 13 de diciembre de 2014

“Exodo: Dioses y Reyes”

Si usted recuerda haber visto “Los 10 mandamientos” es por una o las dos cosas: porque la compró en DVD hace poco, o porque es tan viejo como yo. Ese film de Cecil B. DeMille es ejemplo de espectáculo y recordado sobre todo por sus efectos especiales, entre los cuales es el más mencionado (y admirado) la llamativa secuencia del Mar Rojo dividiéndose para dar paso a los hebreos de Moisés y apabullar a los egipcios de Ramsés.
Y ahora, quién sabe por qué endiablada razón, un director que es uno de mis favoritos desde que vi, en 1969, “The Duellists”, o sea, Ridley Scott, se deja llevar por las emociones ($$$) y decide brindarnos otra versión de aquellos ajados mandamientos y con mejores efectos.
El único problema, en que a nosotros respecta, es que ya no tenemos la edad que teníamos en 1956 y que, por ende, no nos sorprendemos y menos extasiamos con efectos cuando la base que los sostiene no nos cala muy hondo. 
Y volver a lo mismo casi me aburre. Por supuesto, Scott no se lleva de superficialidades y su enfoque es un tanto menos artificioso: ya no vamos a ver a Papá Dios dictándole los mandamientos a Moisés, ya no le vemos agitando una vara para abrir las aguas del mar y así por el estilo. O sea, es más sobria esta versión.