sábado, 18 de octubre de 2014

“Alexander y un día terrible”

Nos simpatiza Steve Carell, nos cae bien su parco y algo pasivo estilo de comicidad, algo que no es muy frecuente y que tampoco casi nadie recomienda, pero que con él funciona.
Pero un estilo no es una varita mágica, o sea, que no tiene por qué funcionar por obligación.
Porque cualquier estilo, desde los de Olivier pasando por Chaplin, por Welles, por la Streep, la Bergman o la Garbo hasta alcanzar a los mejores de estos 2000, depende de la creación, primero, de un personaje que tenga peso específico, de otros personajes que rodeen, alimenten y condicionen al principal, y de la una historia que tenga por igual substancia.
Y de todo eso carece “Alexander and the terrible, horrible, no good, very bad day”.

“Primero de enero”

Por supuesto que se han hecho excelentes películas sobre historias melodramáticas. Pero para que el resultado trabajando con una historia de ese tipo sea interesante, tiene que partir de una buena historia, de una buena dirección y de buenos intérpretes.
Lamentablemente, “Primero de enero” carece de todas esas condiciones.
Es una historia floja, deshilvanada, que avanza a tropezones y con una serie de personajes carentes de personalidad definida e interpretados a tontas y locas.
Para empezar, este es un film al cual no llevaría a un nieto pequeño porque presentar a ese Sebatián como el héroe de la historia es una barbaridad: ese personaje es, de principio a fin, detestable como ser humano, un mal ejemplo para cualquier chico desde los más pobres hasta los más ricos, y que no nos salgan ahora con que “el pobrecito está traumatizado por lo que sucede con sus padres”: la madre debió darle una pela, y el padre otra.
Segundo, esos personajes hacen lo que les viene en ganas sin ton ni son: el Francis, haitiano, tiene un autobús, pero no lo usa para trabajar sino para pasear, sobre todo como medio de transporte del enano Sebas; si lo atrapamos, va preso por dejarse mangonear de unos menores y ponerles en peligro.

“El Justiciero”: Convencional hasta el último sorbo

Noticias que han llegado a nuestra redacción nos aclaran ciertos puntos oscuros en la historia del “comic” y del cine en sentido general. Confidencialmente, por supuesto, se nos ha hecho saber que Batman, a quien muchos creían retirado gracias a su prolongada ausencia frente a su público admirador (entre el cual nos encontramos nosotros, por supuesto), en realidad no hizo tal cosa.
La realidad real y verdadera es que el héroe anda por esos lados oscuros de incógnito, que se ha despojado de la peculiar vestimenta, de la capucha y la capa y que por esa razón no es reconocido cuando circula por las calles de Bostón o las de cualquier otra ciudad, cuando va a restaurantes de poca monta y que, incluso, para confundir a sus seguidores, hasta ha conseguido un trabajito de nada en un almacén de artículos de construcción, que se ha cambiado el nombre de Bruce Wayne y ahora sacó una cédula con el nombre de Robert McCall.