martes, 3 de mayo de 2016

XIII Muestra Internacional de Cine (3)

“Victoria”

A primera vista, “Victoria”, del alemán Sebastian Schipper, es un “thriller” ligero y no muy complicado. Pero, piénselo y encontrará detalles que lo elevan de categoría: el grupo de gamberros alemanes que comparte la madrugada con la chica española exiliada que espera para hacer su trabajo en una cafetería, el afán de sentirse una con los demás de ella que la hace unirse a ellos en una aventura que puede (y habrá de ser) trágica, y los mismos detalles que complementan esta historia: los chicos son una banda de ineptos que son manejados a su vez por reales rufianes, de manera que todos, la chica inocente incluida, van a quedar enredados como moscas en una superficie pegajosa en el duro resultado final.

Pero, además, Schipper hace algo muy poco frecuente en el cine: toda la acción de este filme, que por cierto posee multitud de detalles y pormenores en su puesta en escena, ha sido rodada en un largo, inusitado plano secuencia, y eso es una proeza que se aúna a la interesante historia.

“Somos jóvenes, somos fuertes”
Esta cinta alemana, a pesar de ser del 2014, nos ofrece un tema que ahora es de primera plana: la discriminación racial o étnica.
Porque nos refiere un caso real ocurrido en esa nación cuando grupos enardecidos y enloquecidos por la furia contra aquellos que no son “sus iguales”, cargaron contra un edificio ocupado por emigrantes, hombres, mujeres y niños.
Bien realizada por Burhan Qurbani, nos somete a la prueba de sentirnos inmersos en la vorágine del odio racial, sumergiéndonos en el seno de aquellos grupos cuyo odio rezuma en todas sus actitudes y acciones.
Muy interesante.


“Riviera francesa”

El veterano director francés Andre Techine nos cuenta algo ocurrido en Francia muchos años antes. Pero cuya resolución vino a suceder en esta década.
Es el caso de una chica divorciada, hija de la propietaria de un casino en la Riviera francesa, que es engatusada por un habilidoso abogado que trabajaba para su madre.
Este caso judicial por momentos, ya en su parte final, resulta atractivo y sugestivo, nos deja además con un palmo de narices porque, se lo aseguramos, ningún espectador podrá llegar a una conclusión firme sobre el caso que se investiga y solamente al final es cuando, al fin, podemos tener un dato para confirmar nuestras sospechas.
No es una gran película, pero no deja de resultar interesante y, además, tiene a esa Catherine Deneuve que siempre ha sido una de nuestras favoritas durante décadas.
Bien, esperamos que esta recomendaciones puedan servirles de algo.

XVIII Muestra Internacional de Cine (2)

La Muestra, como es normal y costumbre, marcha hacia su final con gran éxito de público que, como siempre, se afana por averiguar cuáles de tantas poseen mayor calidad. Pues, para ayudarles algo, ahí le ofrecemos algunas opiniones breves pero precisas sobre algunas de ellas.
“Dheepan”

La obra del director francés Jacques Audiard es una historia cruda pero intensa y apasionante sobre refugiados políticos, en el presente caso, de ese Dheepan que es un exmilitar de Sri Lanka que, muerta su familia, renuncia a todo y se “fabrica” una nueva familia: una mujer joven desamparada y a una niña huérfana, obtiene pasaportes para los tres cual si fuera un matrimonio normal y corriente, y van a dar un barrio de una ciudad francesa.
Tal vez ahora imaginen que, ante cambio tan grande, su felicidad estaba garantizada; pero la vida no es tan sencilla: ellos han ido a parar a un barrio dominado por una mafia del negocio de las drogas.
Muy, muy bien hecha, con actuaciones señeras, es una de nuestras favoritas.

“El hijo de Saúl”
Sí, lo sabemos, puede decirse que volvemos a lo mismo, a un filme que puede tener un propósito ya muy usado y resobado: manipularnos para que sintamos pena por los “pobrecitos judíos” que tan mal lo pasaron cuando el famoso Holocausto.
Pues sí, ahí está, ahí tienen esa historia de un simple judío, Saúl, que lucha hasta lo último por darle un entierro apropiado a un niño que, lo más seguro, no era tal, o sea, que en este caso puede decirse que vive algo así como una “transferencia emocional” y quiere expiar su dolor haciendo algo por otra persona, en este caso por ese niño víctima de la cámara de gas que no acaba de morir para que él, Saúl, sea testigo de lo que le sucede.
Sí, todo eso está muy bien.
Pero, como somos gente de cine, nos es en absoluto imposible no advertir la enorme destreza empleada por su director, Laszlo Nemes, en su puesta en escena, y como hace evidente, como en otras muy pocas, de la manera como contribuyeron en aquel infame episodio una buena cantidad de judíos buscando cómo sobrevivir.
Excelente.


“La Ciénaga”

Aunque es evidente que su director, el colombiano Manolo Cruz, debe mucho de su historia a “Mar adentro”, la estupenda cinta de Alejandro Amenábar, aun así nos ha gustado mucho su filme porque, aparte de darle un sesgo diferente en multitud de detalles, posee además una de las mejores actuaciones femeninas principales que hemos visto no sólo en la Muestra sino en mucho tiempo.
Si ambos personajes estaban postrados por enfermedad, los detalles de la historia que ofrece Cruz le confieren vida, frescura a su película: la imagen de la madre que lucha con todo su amor y sacrifica su vida por el hijo, la de la amiga que quiere ayudar pero que perjudica hasta cierto punto al postrado, las mismas características psicológicas del enfermo son más que suficientes para no admitir imitación o copia, aparte de lo bien dirigida que está la muy sentida historia.

sábado, 23 de abril de 2016

XVIII Muestra Internacional de cine de Santo Domingo

Si vio usted la excelente película “Spotlight” sobre el problema de la pedofilia entre los sacerdotes católicos, de inmediato lo relacionará con este film del chileno Pablo Larraín, “El Club”. Pero, si dejamos de lado el tema central y observamos cada obra en su estructura y en su muy particular enfoque, también tendrá que convenir en que ambas son por completo diferentes y, más, que el filme de Hollywood tiende a llamar más la atención sobre el tema enfatizando en el escándalo internacional, porque eso le conviene desde el punto de vista de la taquilla.
Pablo Larraín no anda por esos predios. Su cinta es intimista, cerrada, oscura en sus revelaciones, pero aún más chocante que la norteamericana porque su enfoque es directo, porque nos muestra de manera frontal eso que está sucediendo haciéndonos comprender lo mismo que la otra: que estamos ante una institución de nivel mundial cuyas ramificaciones están podridas y amenazan con pudrir todo lo que se le acerque, muy en especial los más indefensos: los niños.
Intimista el filme de Larraín porque nos introduce en una simple casa en un lugar extraviado de la geografía chilena, porque nos da a conocer a esos que viven en ella y que no están porque les guste sino porque han sido enviados allá para apartarles de la sociedad. Varios sacerdotes pedófilos, corrompidos hasta los tuétanos viven allí, cómodamente, atendidos por una monja.
¿Es acaso eso que viven un castigo?