sábado, 12 de abril de 2014

Divergentes

De nuevo nuestro atribulado mundo ha pasado por una guerra fatal que tiene a millones envueltos en una muy especial condición. O sea, aunque todo el desarrollo del film se sitúa en Chicago, por lo menos en esa localidad todos los humanos existentes están divididos en 5 grupos por su tipología conductual y los adolescentes, cuando van a pasar a mayores, tienen que pasar por severos exámenes sicológicos para que la sociedad sepa a cuál de ellos pertenece.
El problema es que, si no aplican para unos de esos grupos, entonces se convierten automáticamente en “divergentes”, o sea, una especie de parias que son despreciados por la sociedad organizada e incluso perseguidos y eliminados.
Y entonces se inician los problemas, pero no, no piensen que serán los problemas de Tris, la jovencita, ni de Four, el instructor de los facciosos del grupo “policial”, sino por los problemas de la película en sí desde el punto de vista cinematográfico. Primero, nadie te va a explicar la razón por la cual quienes no sean adecuados para uno de los 5 grupos dominantes no pueda servir para nada o, peor, tenga que ser eliminado.

La Jaula de Oro

Hacer cine no es que alguien te cuente una historia que te parezca interesante y que, entonces, como da la casualidad de que eres propietario de una camarita, entonces te buscas unos amigos para que manejen la técnica y unos cuantos individuos e individuas para que hagan los personajes.
Pero, poniendo los términos al revés, hacer cine no es tener muchísima disponibilidad de dinero, un tremendo equipo técnico, facilidades para maravillosos efectos especiales y un reparto de estrellas a tu disposición para filmar el último “bestseller”.
En ambos casos, hay 99 % de posibilidades de que el resultado sea un solemne disparate, paupérrimo en el primero, rutilante pero huero en el segundo.
Amat Scalante, con “Heli”, y ahora Diego Quemada-Díez con “La jaula de oro” nos prueban que para hacer cine, se necesita, por obligación, el gusto por el séptimo arte, o sea, el muy íntimo deseo de hacer cine sin andar dando rodeos en procura de que le caiga bien a alguien o a algunos, no importa si el primero sea un productor millonario o los segundos el público. Ellos tienen su firme idea de lo que desean plasmar en imágenes y a ello se atienen.
Hacer cine es, además de saberlo hacer y tener una idea prístina de lo que quieren contar, es poseer una cultura básica que te permita rastrear la historia, la sicología de los personajes, el contexto social en que se desenvuelve un relato, todo aquello que necesariamente influye en las características de los seres creados que tú, como creador, has dado a la luz para enfrentarlos a miles, tal vez a decenas de miles de espectadores de diversas nacionalidades y culturas.

sábado, 5 de abril de 2014

‘La caza’

A través de todos estos muchos años de escribir sobre cine, sobre cientos de películas, docenas de veces nos han hecho una misma pregunta: ¿Cuál es su película preferida?
Pues bien, de mil y una formas hemos respondido ese cuestionamiento, pero, en sentido general, la respuesta siempre ha sido la misma: No tenemos una película preferida, pero sí muchas, y cuando piensan que, como son muchas, nos referimos a las comedias, a los suspenses, a las tragedias o al cine negro, entonces llega la aclaración: en realidad, las que nos gustan son las excelentes, las mejores, no importa cuál sea su género; pero, podemos agregar, casi siempre que nos sentimos fascinados por un film, resulta que es uno que nos ha dado la satisfacción de pensar sobre lo que nos ofrece.
Si tomamos esta obra de Thomas Vinterberg, “Jagten”, “La Caza”, podemos situarlo en esa categoría. Lo que sucede a Lucas, el personaje central de la historia, es como para pensarlo, analizarlo y pedir, por favor a los dioses, que no nos suceda algo por el estilo.
Lucas no es un héroe cinematográfico, no es un “buen mozo” del cine, no es alguien colocado ahí para que miles y miles de chicas suspiren por él o para que miles y miles de chicos se sientan inclinados a imitarle. Lucas es un hombre común y corriente que vive un momento muy difícil en su vida: se acaba de separar de la esposa y se siente dolido porque tiene que pleitear con ella sobre la Patria potestad con su hijo adolescente. Vive solo, se siente terriblemente solo, que no es lo mismo. Trabaja en una escuela del Estado para niños y su trabajo le gusta, se siente bien con los pequeños, sabe cómo entretenerles, sabe a perfección manejarse con ellos.